La palabra de hoy 24 de marzo de 2012


En esta tierra soy un extranjero;
no escondas de mí tus mandamientos.
Salmos 119:19

Una de las industrias más sólidas a nivel mundial es la del turismo. Grandes sumas de dinero se usan cada año para visitar países en el exterior y también para hacer turismo interno. La mayoría de los países de Europa, los Estados Unidos de Norteamérica, China y México se ubican en el tope de la lista de países que han generado más entradas por este concepto. Las cifras de los viajeros que visitan estos países se miden por millones de personas al año  y los ingresos que ellos generan se miden por miles de millones de dólares al año. Una de las industrias que se han desarrollado paralelamente al turismo es la de la publicación de guías para viajeros. Estos libros, llenos de información necesaria para aprovechar el corto tiempo que dura la estadía en una ciudad o un país específico, se venden muy bien y constituyen una de las secciones más visitadas de las librerías. ¿Se imaginan ustedes visitar un país sin antes haber investigado bien para definir un plan de visitas a museos, sitios históricos, bellezas arquitectónicas y paisajes de impresionante belleza? Son muy pocos los turistas que se atreven a vivir la aventura de una travesía turística por un país sin llevar en el bolsillo una de estas útiles guías.

Sorprendentemente, muchos hijos de Dios transitan por este mundo, del cual no son ciudadanos, sin utilizar la guía del viajero por excelencia, la palabra de Dios, la Biblia. La gran mayoría de las veces nos sentimos tan a gusto en este mundo que nos olvidamos de que nuestra ciudadanía está en los cielos y de que somos simples transeúntes que andamos de paso por esta atracción turística llamada mundo. Y para completar, ni siquiera sabemos cuáles son las cosas interesantes que podemos hacer y los lugares más recomendados para visitar mientras estamos aquí para intensificar la experiencia del viaje. Nunca es tarde para que revises la guía del viajero. Te sorprenderás al enterarte de la gran cantidad de cosas que no sabías que podías y tenías que hacer para aprovechar al máximo tu excursión. Comienza, pues, ahora mismo a conocer más de este mundo y de lo que Dios espera de ti porque el tiempo es corto. Verás tu viaje desde una perspectiva totalmente diferente a como lo venías haciendo. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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