La palabra de hoy 30 de marzo de 2012


»No ofendas al esclavo delante de su amo,
pues podría maldecirte y sufrirías las consecuencias.
Proverbios 30:10

Como hijos de Dios debemos asumir la responsabilidad por todos nuestros actos, buenos o malos, y por todo lo que salga de nuestros labios, sean bendiciones o maldiciones. Una de las áreas de nuestra vida que necesita mayor atención es nuestra manera de expresarnos. Muchas veces decimos algo de lo que posteriormente nos arrepentimos por no haber sabido controlar nuestras palabras. Eso es muy natural de los seres humanos, pero el que sea natural no significa que sea bueno. No debemos dejar que nuestra vida sea controlada por nuestras emociones. No digo que debemos suprimirlas de un todo porque eso sólo nos llevaría a una enfermedad mental, pero sí debemos dejar que nuestras emociones sean controladas por el Espíritu Santo. Una cosa que debemos vigilar muy de cerca es cuando decimos algo en son de broma. Como hijos de Dios podemos disfrutar del humor y la risa pero de ninguna manera podemos permitir que el humor sea utilizado como un arma para hacerle daño al prójimo. A veces nos pasa que se nos hace fácil decir algo presuntamente gracioso relacionado con la apariencia física o con una deformidad genética de alguien presente. Es posible que lo que digamos sea gracioso pero la persona aludida se sentirá agredida y eso genera dolor, odio y rencor. Ésto se interpreta inmediatamente como un golpe bajo.

Lo mejor, entonces, es cuidarnos en todo momento, especialmente cuando estamos hablando en son de broma, de referirnos al aspecto físico de algún conocido, esté presente o no. Olvídemosnos de los chistes de los gordos, de los flacos , de los calvos, de los bajitos, de los altos, de los mechudos o melenudos, de los barrigones, de los esqueléticos y de cualquier otró aspecto físico que distinga a alguien de lo “normal.” Hay muchos otros temas de donde sacar algo gracioso de verdad sin tener que utilizar esa tendencia natural a burlarnos de los demás. Mejor, sígamos las instrucciones dadas por apóstol Pablo a los efesios: “que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan.” Cuidemos, pues, lo que salga de nuestros labios. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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