La palabra de hoy 6 de abril de 2012


Como perros de presa, me han rodeado;
me ha cercado una banda de malvados;
me han traspasado las manos y los pies.
Puedo contar todos mis huesos;
con satisfacción perversa
la gente se detiene a mirarme.
Se reparten entre ellos mis vestidos
y sobre mi ropa echan suertes.
Salmos 22:16-18

He aquí una de las tantas profecías que encontraron su cumplimiento en la persona de Jesús, el Mesías, el que había de venir a restaurar todas las cosas. El pueblo de Israel motivado por el odio y la envidia que sus dirigentes religiosos le tenían al Rabí que traía enseñanza con autoridad, sin saber lo que hacían, pidieron que el maestro fuese crucificado como vil asesino o ladrón. Quien vino a darnos la vida se le llevó a la muerte. Quien vino a darnos dignidad recibió desprecio y burla de parte de su pueblo. Quien vino a mostrar compasión por las almas perdidas recibió a cambio agravios y violencia. Quien vino a mostrarnos el camino del amor fue odiado hasta el punto de desear su muerte como el más despreciable de los criminales.

No obstante, todo esto es parte del glorioso plan maestro de Dios. Con todo y lo doloroso y terrible del sufrimiento de nuestro Señor en la cruz del monte de la calavera o Gólgota, era necesario que él ocupase el lugar que en justicia nos correspondía a todos nosotros por ser despreciables pecadores sin posibilidades de redención. En esa ignominiosa cruz debíamos haber estado tu y yo, es decir todos nosotros y no el Creador del universo. Pero fue necesario que él ocupase nuestro lugar para que él lograra la victoria sobre el pecado y posteriormente derrotara también a la muerte la cual ya no tiene ni poder ni autoridad sobre las vidas de aquellos que hemos creído en él y hemos aceptado su sacrificio por nosotros. En este viernes de Pasión detengámonos a reflexionar en la obra que Jesucristo llevó a cabo por amor a toda la humanidad. En nosotros sólo puede haber un espíritu de agradecimiento y rendición a sus pies. Agradécele todo lo que él ha hecho por ti y corrige el rumbo para que sigas la ruta que él ha trazado para todos los que somos hijos de Dios. Por esa obra maravillosa lograda por nuestro Señor Jesucristo en la cruz ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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