La palabra de hoy 7 de abril de 2012


Todos andábamos perdidos, como ovejas;
cada uno seguía su propio camino,
pero el Señor hizo recaer sobre él
la iniquidad de todos nosotros.
Isaías 53:6

Yo me imagino que los líderes religiosos judíos que se encargaron de convencer a la multitud de que exigiera a Pilatos la indigna crucifixión del justo, una vez haber presenciado su sangrienta ejecución y confirmar que el humilde carpintero ya no representaría una molestia para ellos, regresaron a sus hogares para iniciar el Sabbath que Moisés les había instruído a seguir por dirección del mismo Dios. Ellos debieron haber llegado a sus hogares minutos antes de que se pusiera el sol para dar inicio al día de descanso. Debieron haberse sentido muy satisfechos de haber logrado el objetivo que desde hacía tiempo se habían propuesto de quitarle la vida al humilde pero popular y peligroso (para ellos) líder galileo. Debieron haber comido esa noche con mucho gusto y alegría porque ellos creían que sus problemas habían sido resueltos de una vez por todas. Poco podían imaginarse que aquel que había fallecido en la cruz momentos antes era quien ellos habían estado esperando por tanto tiempo y quien era la consumación de la promesa dada al pueblo de Dios.

La noche anterior habían celebrado el rito anual de la Pascua, es decir la conmemoración de la protección con que Dios cobijó al pueblo de Israel cuando el Ángel del Señor cumplía con la última medida de presión ejercida sobre Faraón para que dejara libre al pueblo escogido por Dios.  Ese cordero que estuvieron masticando la noche anterior era la señal del verdadero Cordero de Dios que pocas horas antes había sido sacrificado por todos, judíos y no judíos. Al igual que Satanás, su guía, se alegraron de ver cómo estaban saliendo las cosas. De ninguna manera llegaron a sospechar que al día siguiente, la muerte que ellos habían utilizado para deshacerse del maestro de Nazareth sería vencida para siempre. Que la gloria de la resurreción del Señor siempre prevalezca sobre la tristeza del doloroso y sangriento sacrificio por el cual hubo de pasar el Señor para rescatarnos del pecado. ¡Solo a Dios sea la gloria!

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2 respuestas a La palabra de hoy 7 de abril de 2012

  1. Ricardo dijo:

    Hay momentos donde siento demasiada soledad en este momento me siento bien con Dios haciendo un compromiso muy fuerte que cumplire a cabalidad porque dios me ha dado tanto

  2. Ubaldina Sierra Ruiz dijo:

    SOY FELIZ ALABANDO AL SEÑOR A

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