La palabra de hoy 24 de abril de 2012


Me he puesto a pensar en mis caminos,
y he orientado mis pasos hacia tus estatutos.
Me doy prisa, no tardo nada
para cumplir tus mandamientos.
Salmos 119:59-60

A todo el mundo le parece que lo que está haciendo siempre está bien. Ésto es así porque mucha gente no tiene un buen marco de referencia para determinar sin las cosas están bien o están mal. Al no tener algo con que compararse, la conducta del individuo siempre será la correcta porque sólo depende de lo que su ser le indique. Dios ha dado al hombre dos grandes puntos de referencia para que todos los hombres sepan en dónde están parados. Uno de ellos es la conciencia y el otro es la palabra de Dios. En ausencia de la palabra de Dios, la conciencia actúa como un mecanismo de control y contrapeso y puede ser muy útil. Desafortunadamente, la conciencia puede ser acallada por la voluntad y de hecho, ésta es la situación de la gran mayoría de las personas, quienes viven al lado de una conciencia enmudecida. A la palabra de Dios no tienen manera de hacerla callar pues ella lleva el mensaje glorioso de la verdad y la salvación. Así como donde hay luz desaparece la oscuridad, donde está la verdad la mentira no tiene lugar.

Ésta es la principal razón por la cual a la gente no le gusta leer la palabra de Dios. Por causa del satánico orgullo a nadie le gusta que le hagan caer en cuenta de que ha estado actuando incorrectamente. De allí que como dijimos anteriormente, a todo el mundo le parece que lo que está haciendo está bien y no necesita corrección o ajuste. La palabra de Dios es inflexible y se alza como un patrón absoluto para separar al bien del mal. Podemos interpretarla como nos guste pero nunca podremos cambiarla. Podemos pensar lo que queramos de ella pero nunca logremos disminuir su autoridad y su absoluta posición y capacidad para discernir lo correcto de lo incorrecto. La palabra de Dios es el alimento que diariamente debemos ingerir para que no nos guiemos por nuestra propia opinión, la cual es muy acomodaticia y siempre cederá ante nuestras pasiones.  Sólo cuando comparamos nuestro proceder con lo que Dios espera de nosotros es que podremos corregir el rumbo para enfilarnos por los senderos de Dios hacia su presencia. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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Una respuesta a La palabra de hoy 24 de abril de 2012

  1. Mirna Ester Alvarez Murgas dijo:

    ¡¡¡Oh, Dios, quién como tú!!!

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