La palabra de hoy 25 de abril de 2012


Con el viento del norte vienen las lluvias;
con la lengua viperina, las malas caras.
Proverbios 25:23

Si la gente supiera el peso que tienen las palabras se abstendría de hablar tanto. Nadie en su sano juicio se pone a jugar con una espada afilada, con una serpiente venenosa, con una granada explosiva, con una ametralladora cargada, con un frasco lleno de nitroglicerina, con una barra de uranio o con un taco de dinamita cuya mecha esté encendida. No obstante a la hora de utilizar la boca para expresarse lo hacen con el mayor descuido posible lanzando al aire toda clase de maldiciones y malos deseos. Así como en la gran mayoría de las sociedades modernas se exige un permiso para poder portar un arma debería exigirse un permiso para hablar. Dice también la palabra de Dios que los chismes son como dulces bocados que se deslizan hasta las entrañas. las palabras al principio lucen como inofensivas pero luego de que son esparcidas son potentes cuchillas que cortan todo tipo de tejido y causan muchas heridas.

¿Cómo estamos usando el poder de la lengua? ¿Hablamos más bendiciones o nos limitamos a la maldiciones? ¿Nos cuidamos de hablar mal de nuestro prójimo independientemente del daño que éste nos pueda haber hecho? ¿Seguimos utilizando nuestra lengua para hacer daño a pesar de que sabemos cuánto mal es capaz de hacer? Santiago, el hermano del Señor jesús dijo: “También la lengua es un fuego, un mundo de maldad. Siendo uno de nuestros órganos, contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, prende a su vez fuego a todo el curso de la vida. El ser humano sabe domar y, en efecto, ha domado toda clase de fieras, de aves, de reptiles y de bestias marinas; pero nadie puede domar la lengua. Es un mal irrefrenable, lleno de veneno mortal.” Cuidémonos, pues, de utilizar nuestra lengua para ninguna cosa que no sea el bien. Pensemos bien lo que hemos de decir antes de dejar que las palabras salgan de nuestra boca. Una vez que ellas salen ya no hay manera de recogerlas. Dejémonos guiar por Dios en este y otros aspectos de nuestra vida. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

 

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