La palabra de hoy 30 de abril de 2012


»Cuatro cosas hay pequeñas en el mundo,
pero que son más sabias que los sabios:
las hormigas, animalitos de escasas fuerzas,
pero que almacenan su comida en el verano;
los tejones, animalitos de poca monta,
pero que construyen su casa entre las rocas;
las langostas, que no tienen rey,
pero que avanzan en formación perfecta;
las lagartijas, que se atrapan con la mano,
pero que habitan hasta en los palacios.
Proverbios 30:24-28

He aquí cuatro ejemplos de seres que sin ser pensadores y razonadores logran demostrar que poseen una sabiduría natural. El primer ejemplo corresponde a las hormigas. En otras oportunidades hemos mencionado a las hormigas como animales previsivos que no descansan durante el verano y el otoño para contar con abundantes provisiones durante el invierno. De manera tal que la hormiga representa previsión y diligencia sin las cuales no se puede tener sabiduría. En segundo lugar tenemos a los tejones, animales propios del continente europeo, quienes poseen una gran capacidad para construir elaborados y extensos sistemas de túneles y cámaras bajo tierra conocidos como tejoneras. Las características fundamentales de este animalito son su capacidad y su tenacidad, otros elementos básicos de la sabiduría.

En tercer puesto tenemos a las langostas, insectos que se mueven en enormes enjambres capaces de consumir y destruir grandes plantaciones de cultivos y de vegetación natural al extremos de convertirse en terribles plagas si ciertas condiciones se dan. Estos animales poseen orden y disciplina y marchan cual poderoso ejército arrasando toda vegetación que se halle en su camino. Finalmente podemos observar el ejemplo de las lagartijas, las cuales son animales pequeños que poseen mucha agilidad y presteza para escapar de sus depredadores.

Miremos una vez más estas características de la sabiduría: previsión y diligencia, tenacidad y capacidad, orden y disciplina y finalmente agilidad y presteza. ¿Actúas de esta manera cuando emprendes algún trabajo? Si no estás aplicando estos principios no te estás comportando como una persona sabia. Miremos, pues, de qué manera y con qué actitud estamos enfrentando los problemas y resolviendo las situaciones que se nos presentan a diario en nuestra largo peregrinar. Sigamos el ejemplo de estos animalitos, a quienes Dios les ha concedido habilidades especiales para sobrevivir aún bajo las condiciones más difíciles. Si nos está faltando alguna de estas características, pidámosle a Dios que nos la conceda para avanzar con éxito en la vida, llevando a cabo la misión que él nos ha encomendado. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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