Ganancias ilusorias


El malvado obtiene ganancias ilusorias;
el que siembra justicia asegura su ganancia.
Proverbios 11:18

La gente se pasa toda la vida esforzándose por construir una base financiera que le permita algún día desprenderse sin problemas del agotador trabajo que amerita la construcción de dicha base. Muchas veces el trabajo que les toca desmpeñar no es de su total agrado pero se consuelan con el hecho de que pueden ver cómo los bienes de fortuna que van acumulando aparentemente garantizan su seguridad financiera a futuro. Algunos se olvidan de su conciencia y la hacen callar con descabelladas justificaciones o simplemente se hacen los sordos ante sus insistentes llamados a la cordura y la sensatez. Al dejar a un lado los principios establecidos por Dios para llevar adelante una vida que sea agradable a él, la gente se desvía de los caminos de justicia y se deja arrastrar por la perversidad. Como su medida su progreso es el número de ceros con que se mueve su cuenta bancaria, ellos piensan que van camino al éxito total. No se dan cuenta de que están tratando con ganancias ilusorias.

Por el contrario, la verdadera riqueza es la riqueza espiritual. La verdadera riqueza es la que se ha acumulado en nuestro corazón al entender los propósitos de Dios para con nuestra vida y el rol que nos toca desempeñar en esta vida pasajera. La verdadera riqueza es el fruto del Espíritu Santo haciéndo de nuestra gestión terrenal algo útil y efectivo en nuestro servicio a otros. La genuina fortuna es aquella que resulta de compartir con otros el amor que Dios ha derramado sobreabundantemente en nuestro corazón. El verdadero tesoro es aquel que se produce cuando vivimos y buscamos alcanzar la justicia en todos nuestros actos. El gozo y la satisfacción del deber cumplido es mucho más valioso que cualquier saldo o balance de una cuenta bancaria, por grande que éste luzca. Busquemos, pues, la justicia en toda acción que emprendamos este día y Dios permita que al final del día podamos alabar a Dios por habernos permitido ser instrumentos de su justicia en este hogar temporal que es la tierra. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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