Lamentos


Que sean borrados del libro de la vida;
que no queden inscritos con los justos.
Salmos 69:28

En 1843 el inglés Charles Dickens escribió su muy famosa novela “Un  Cuento de Navidad”. Esta novela, Dickens relata lo que le sucedió al tacaño, egoísta y avaro personaje Scrooge cuando en la víspera de la Navidad un espíritu le anuncia que vendrán tres otros espíritus a mostrarle su pasado, su presente y su futuro para darle una oportunidad de arrepentirse de su antisocial, perversa y materialista forma de actuar. Scrooge acepta el reto y el primer espíritu le presenta como era su vida antes de convertirse en el tacaño y huraño ser que ahora es. El segundo espíritu le muestra la realidad actual en la cual, su empleado Bob Cratchit y su familia celebran la Navidad a pesar del infortunio y las adversidades financieras y de salud. No es sino hasta que el tercer espíritu le muestra el sombrío y fatal futuro hacia el cual su avara actitud lo llevará irremediablemente que el corazón de Scrooge cambia de parecer y se produce la metanoia, como la llamaban los griegos o el arrepentimiento, como decimos ahora.

Pudiera ser que si los malvados lograran ver lo que les depara el futuro debido a sus malas acciones, especialmente en la eternidad, ellos se arrepentirían de su mala conducta y le darían un giro de 180 grados a su vida. No obstante, a pesar de que ellos han tenido numerosas oportunidades para escuchar el llamado al arrepentimiento que los hijos de Dios comunican por toda la tierra, su actitud no ha cambiado ni un ápice. Por ello, a los malvados les espera un sombrío porvenir del cual no podrán escapar dado el control que el satánico orgullo ejerce sobre sus vidas. A ellos les encanta cuestionar a Dios y a su obra pero se hacen los locos cuando les toca analizar su propia vida. Ellos nunca verán nada que necesite cambiar pues piensan que todas sus acciones son correctas a pesar de que su conciencia les advierte a cada rato que están deambulando por el camino incorrecto. Compartamos con ellos el evangelio pero no nos sintamos mal si no nos prestan atención. No es a nosotros a quienes rechazan sino al mismo Dios y ello les traerá las gravísimas consecuencias anunciadas en la palabra de Dios. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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