¿Fidelidad a la medida?


Pero tú has desechado, has rechazado a tu ungido;
te has enfurecido contra él en gran manera.
Salmos 89:38

Muchas personas que han llegado a los pies del Señor Jesucristo buscando perdón y salvación erróneamente creen que la vida del hijo de Dios debe ser un lecho de rosas de ahí en adelante. Cuando las adversidades tocan a la puerta su fe se desmorona porque lo que les está ocurriendo es muy diferente a lo que ellos se habían imaginado. En ese momento se preguntan: ¿Dónde está la fidelidad de Dios? ¿Por qué me ha abandonado ahora que estoy atravesando dificultades y pruebas? Muy convenientemente ellos analizan y cuestionan la fidelidad de Dios pero para nada revisan o confrontan su propia fidelidad hacia él.

En el mundo de los negocios, cuando dos partes aceptan establecer un acuerdo o pacto, se redacta un documento o contrato en el cual se estipulan las condiciones que regirán  la relación del negocio y muy especialmente, se incluyen algunas cláusulas que determinan qué curso de acción se debe seguir en el caso de que una de las partes incumpla sus compromisos. En el caso de la relación del creyente con el Salvador, no existe ninguna cosa estipulada con relación a que Dios falte a su palabra. Por definición, ésto es imposible. Lo que sí se estipula es lo que sucede cuando nosotros faltamos a nuestro compromiso con Dios, algo muy probable que ocurra dada nuestra naturaleza pecaminosa.

Dios nos habla de su inalterable fidelidad pero también nos dice que, en caso de que se presenten incumplimientos de nuestra parte, habrá consecuencias y será necesario aplicar medidas disciplinarias. Estas acciones disciplinarias, tal como nos lo presenta el autor de la carta a los Hebreos, no son agradables en el momento de recibirlas, sino más bien penosas. En todo caso la disciplina es necesaria para fortalecer nuestro carácter y producir en nosotros una cosecha de justicia y paz. Así que no nos desanimemos cuando seamos reprendidos ni pensemos que Dios nos ha abandonado. Todo lo contrario, Dios está muy interesado en que nos mantengamos muy cerca de él y él de nosotros. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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