Indiferencia


Si al pobre lo aborrecen sus parientes,
con más razón lo evitan sus amigos.
Aunque los busca suplicante,
por ninguna parte los encuentra.
Proverbios 19:7

Una de las manifestaciones del egoísmo que impregna la naturaleza pecaminosa de todos los seres humanos es la indiferencia que muchos, por no decir todos, muestran hacia las miserias del prójimo. Nuestra crianza nos ha reforzado la idea de que debemos mirar sólo por nuestras necesidades y despreocuparnos por la estrechez de los demás. Se nos ha enseñado que lo único importante es nuestro bienestar y todo lo demás es secundario o muy poco importante. No sorprende, pues, que el mundo se encuentre en el estado que se encuentra debido a la poca solidaridad que mostramos los unos por los otros. Naciones enteras fallecen por falta de alimentos y aunque algunas organizaciones internacionales canalizan alimentos hacia esos lugares la lucha es desigual y en desventaja. Si no podemos siquiera ayudar a quienes deambulan muy cerca de nosotros en nuestras propias ciudades ¿cómo podremos ayudar a quienes se encuentran a miles de kilómetros de distancia y a quienes ni siquiera podemos ver?

Cuando el Señor Jesús dijo: “A los pobres siempre los tendrán con ustedes”, no lo dijo para que aceptásemos esa situación como algo normal a lo que no debemos prestar atención. Su respuesta al inapropiado comentario de los discípulos con relación a la unción del Maestro con perfume muy caro surgió de la pobre perspectiva con que dichos discípulos habían analizado la adoración llevada a cabo por la mujer en la casa de Simón el Leproso, en Betania, en preparación para la muerte redentora de nuestro Señor. Muchas son las oportunidades a nuestro alrededor para ayudar a nuestro prójimo, especialmente aquellos que poseen pocos recursos materiales o espirituales. No nos hagamos de la vista gorda (o no hagamos la vista gorda, como se dice en la madre patria) cuando observemos a alguien atravesando momentos de gran dificultad. Ayudémole porque de esa manera estaremos sirviendo a nuestro glorioso Salvador. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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Una respuesta a Indiferencia

  1. Mirna Ester Alvarez Murgas dijo:

    ¡¡¡Améeeeeeeeeeeeeeen, Gloria a Dios!!!

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