Misericordia y compasión



Señor, yo sé que tus juicios son justos,
 y que con justa razón me afliges.
Que sea tu gran amor mi consuelo,
conforme a la promesa que hiciste a tu siervo.
Que venga tu compasión a darme vida,
porque en tu ley me regocijo.
Salmos 119:75-77

En reflexiones anteriores hemos visto el papel que juega la aflicción en la experiencia del hijo de Dios. La pregunta que nos hacemos entonces cuando nos hallamos en aflicción es: ¿Y quién me saca ahora de esta aflicción? ¿A quién acudo? ¿De dónde vendrá mi socorro? Las promesas de Dios para nosotros nos dan la clave para entender este proceso. Una vez que nos encontramos bajo las garras de la aflicción debemos poner en práctica como nunca la fe que el Espíritu Santo nos ha dado por medio de su gracia. Entender que Dios es el único que puede ofrecernos una salida y actuar en consecuencia son dos pasos fundamentales que debemos llevar a cabo para avanzar hacia la solución del asunto. Una vez completado estos pasos le corresponde al Espíritu Santo actuar mediante su misericordia para nuestro consuelo. La compasión que Dios siente por sus hijos también es un poderoso aliciente que nos llevará a puerto seguro.

¿Conoces cuáles son las promesas de Dios? En caso de que tu repuesta sea negativa ¿Sabes dónde hallarlas? Es importante que dediquemos un tiempo aparte en nuestra apretada agenda diaria para encontrarnos cara a cara con la preciosa palabra de Dios. En ella Dios se revela a sí mismo y nos da pistas para conocerlo mejor y para entender sus propósitos. Sólo mediante el conocimiento de sus promesas podemos acudir a Dios confiadamente para clamar que actúe en favor nuestro. Esas promesas también nos ayudan a compartir con otros que pudieran estar atravesando situaciónes similares de aflicción. La palabra de Dios y nuestro testimonio personal son las herramientas fundamentales para llevar a otros el mensaje de salvación que tanto necesitan. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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Una respuesta a Misericordia y compasión

  1. Mirna Ester Alvarez Murgas dijo:

    Al leer y escuchar todo sobre las Sagradas Escrituras, me lleno de satisfacción, ahí está la verdad y las promesas que nuestro Amadísimo Dios nos revela a diario… Bienaventurado el que lee y los que oyen… Gloria a Dios!!!

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