Silencio


Así que guardé silencio, me mantuve callado.
¡Ni aun lo bueno salía de mi boca!
Pero mi angustia iba en aumento;
¡el corazón me ardía en el pecho!
Salmos 29:2-3a

Si algo tenemos que reconocer los seres humanos es que la gran mayoría de nosotros somos personas  lenguaraces. Hablamos de todo y de nada. De cien palabras que decimos quizá unas diez o menos son importantes. Las demás son lanzadas al viento para descargar nuestra ansiedad, nuestra frustración o para llamar la atención de los demás. Hablamos de lo que sabemos y también mucho acerca de lo que no sabemos. Pretendemos que los demás piensen que somos eruditos en cuanto tema se presente para discusión. Decimos algo y tres minutos más tarde nos estamos contradiciendo y ¡no nos damos cuenta! Y eso en los casos en que estamos hablando de algo en términos constructivos. Gran parte de nuestra conversación tiene que ver con críticas destructivas o simplemente chismes y habladurías. Somos como unas máquinas repetidoras de rumores. Todo ésto nos sucede porque simplemente no conocemos el valor del silencio.

Como decía mi filósofo favorito, el gran rey Salomón: “[Hay] un tiempo para callar, y un tiempo para hablar”. Es en el silencio que podemos ordenar nuestros pensamientos para analizarlos a la luz de la palabra de Dios y considerar las numerosas bendiciones que hemos recibido de Dios. Al sopesar lo bueno y lo malo que nos ha ocurrido podemos darnos cuenta de que son muchas más las veces que Dios nos ha mostrado su bondad a pesar de la desobediencia con que hemos actuado. El silencio nos permite escuchar la voz de la conciencia, la cual es normalmente arrollada y superada en volumen por el ruido de nuestra palabrería. El silencio nos da la oportunidad de escuchar lo que Dios quiere decirnos. Durante nuestro tiempo de oración debemos dedicar una parte al silencio con actitud de prestar atención a lo que Dios tiene que darnos como respuesta. Que no nos asombre si cuando estamos callados y atentos a escuchar la voz de Dios sólo encontremos un prolongado silencio. Dios sabe utilizar perfectamente el silencio para hablar a nuestro corazón. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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2 respuestas a Silencio

  1. Mirna Ester Alvarez Murgas dijo:

    ¡¡¡Améeeeeeeeeeeen, Gloria a Dios!!!

  2. Inés dijo:

    EXCELENTE!, COMPARTO TOTALMENTE! ATURDEN LOS QUE HABLAN TANTO… QUE PODAMOS SER COMO NUESTRO SEÑOR, CUANDO ABRIA SU BOCA ERA PARA DECIR LO JUSTO, A LA PERSONA INDICADA EN EL MOMENTO INDICADO.

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