Cultivo


Has revocado el pacto con tu siervo;
has arrastrado por los suelos su corona.
Salmos 89:39

La solidez de nuestra relación con Dios depende en gran manera del esfuerzo que hagamos por cultivarla. Nadie que se olvide de Dios seis días a la semana y sólo se interese por sus asuntos en el día domingo puede pensar que su relación con Dios es fuerte y estable. ¿Qué pasaría si usted le quita el habla a su cónyuge y sólo se comunica con él o ella dos veces al mes? Le garantizo que no le quedará un sólo hueso sano. Bueno, no se lo tomen tan en serio. Tan sólo estaba bromeando. Donde no hay comunicación no puede haber relación. Quienes hacen del culto dominical el cumplimiento de otro requisito más se encuentran en grave error y no podrán reclamar que Dios los ha abandonado cuando en realidad quienes han abandonado a Dios son ellos. Una vigorosa relación con Dios es una relación que se mantiene día a día, por la mañana al levantarnos y por la noche al acostarnos, como mínimo. Una relación sólida con nuestro Padre celestial nos hace sentir muy seguros porque cualquier obstáculo o imprevisto que se nos atraviese en el camino lo enfrentaremos con serenidad y aplomo, teniendo la certeza de que Dios es quien tiene la solución para superarlo.

Con todo y que Dios siempre toma la iniciativa para estrechar nuestra comunión con él, no nos descuidemos en este importante aspecto. No nos dejemos llevar por los atractivos cantos de sirena del mundo y sus secuaces, que sólo buscan nuestro naufragio espiritual. Estemos atentos a los ataques del adversario y resistamos con firmeza sus avances apoyados en la palabra de Dios y sus promesas. Elevemos una oración a nuestro Padre, aunque sea corta, tan frecuentemente como sea posible. Nuestra relación con Dios será fuerte mientras podamos ver la mano de Dios operando en todos nuestros asuntos, por pequeños y banales que ellos parezcan ser. Dios también se magnifica en los pequeños detalles, esos de los cuales está llena nuestra existencia. Mantengámonos fieles y constantes, buscando siempre conocer cuál es el plan de Dios para nosotros y qué tenemos que hacer diariamente para alinearnos con él. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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