Fidedigno


Son muchos los que proclaman su lealtad,
¿pero quién puede hallar a alguien digno de confianza?
Proverbios 20:6

A todos nos gustaría tener la dicha y la oportunidad de poder confiar plenamente en alguien y, de hecho, lo hacemos. Conocemos personas que nos hacen sentir seguridad y tranquilidad porque sabemos que nunca nos fallarán y así lo han demostrado. Incluso, si llegan a fallarnos, no nos causa mayor impacto porque son personas en las cuales podemos depositar toda nuestra confianza con mínimo riesgo. Este es el tipo de personas que Dios necesita para llevar adelante sus planes. Él espera de nosotros nada menos que absoluta lealtad aunque también sabe que no somos perfectos y que muchas veces nos dejamos guiar por los placeres y las emociones en vez de dejarnos guiar por su Espíritu Santo y su palabra. La patente debilidad de nuestra naturaleza pecaminosa impide muchas veces que cumplamos con las expectativas que Dios tiene para con nosotros. Como Autor de nuestra vida, él conoce perfectamente nuestras flaquezas y soporta nuestras fallas una y otra vez. Lo que no es aceptable es que la falta se convierta en hábito y que no busquemos la ayuda de Dios para evitarlo.

El amor de Dios es grande y pasa por alto muchas de nuestras fallas siempre y cuando nos demos cuenta de que las estamos cometiendo y sepamos que éstas son cosas que no le agradan a Dios y por lo tanto sinceramente deseamos no continuar en ellas. El Espíritu Santo se encargará de hacernos ver esas áreas débiles las cuales Dios está tratando para que podamos avanzar en nuestra santificación. ¿Eres digno de la confianza de Dios? ¿Eres digno de la confianza de tus seres queridos? La lealtad es una virtud altamente apreciada por todos. La fidelidad nos da las fuerzas necesarias para buscar en todo momento nuestra superación y progreso hacia la meta que queremos alcanzar. “Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.” ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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