Atrevimiento


Dios convirtió los ríos en desiertos,
los manantiales en tierra seca,
los fértiles terrenos en tierra salitrosa,
por la maldad de sus habitantes.
Salmos 107:33-34

Posteriormente al diluvio universal, Dios le encargó al hombre la administración de la tierra y de todo lo que tiene vida, humanos, animales y vegetales. El dominio administrativo sobre la tierra incluye la explotación de los recursos naturales tanto renovables como no renovables. La historia nos enseña que el hombre asumió el papel de administrador que le había sido asignado por Dios mas no necesariamente ejerció la administración con probidad y responsabilidad. Guerras, pestes, hambrunas y otras calamidades semejantes han sido el producto de una inadecuada administración de los recursos por parte del hombre, quien siempre ha actuado con orgullo y egoísmo. Lo más contradictorio y sorprendente es que el hombre, siendo responsable de muchos de los males que aquejan hoy a la humanidad, pretenda con el mayor atrevimiento responsabilizar a Dios por el sufrimiento que aquel mismo ha originado. Estas personas utilizan el argumento de que si Dios es bueno ¿por qué permite entonces el sufrimiento y la muerte? Quienes son incapaces de ofrecer siquiera un mendrugo a quien ven sufriendo por el hambre se constituyen desfachatadamente en jueces de Dios haciendo uso de una increíble arrogancia.

Todo lo que ocurre forma parte del plan de Dios y muchos de los males que hoy nos aquejan son producto del mal vivir de cientos de generaciones que han despilfarrado y desperdiciado con sus malas acciones los abundantes recursos que Dios ha provisto para el hombre. Echarle la culpa a Dios por las guerras tan solo pretende transferir a Dios la responsabilidad que le corresponde al hombre por ser envidioso, egoísta y orgulloso. por el contrario, el amor de Dios hace que nosotros sus hijos nos convirtamos en instrumentos útiles en sus manos para llevar bendición a quienes están atravesando dolorosas dificultades. Aprendamos a discernir entre las mentiras del mundo y la gloriosa verdad de la palabra de Dios. Actuando con amor y justicia podremos demostrar al mundo que la responsabilidad por el bien de nuestro prójimo recae sobre nuestros hombros y que con la ayuda de Dios podremos vencer el engaño y la arrogancia del mundo. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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