Ruta de escape


Si quieres librarte, hijo mío, éste es el camino:
Ve corriendo y humíllate ante él;
procura deshacer tu compromiso.
No permitas que se duerman tus ojos;
no dejes que tus párpados se cierren.
Líbrate, como se libra del cazador la gacela,
como se libra de la trampa el ave.
Proverbios 6:3b-5

Quienes han salido de fiadores de un vecino, o peor aún, de un extraño, han cometido un grave error, el cual necesitan reparar lo más pronto posible. La razón por la cual ellos cometen ese error es que ellos quieren ser como Dios, quien es el único que puede resolver los problemas de todos. Tan pronto se enredan con sus propias palabras se les hace casi imposible escapar del compromiso que nunca debieron haber contraído. Esto no significa que vamos a vivir ignorando las necesidades de los demás, pero tampoco podemos estar asumiendo responsabilidades que otros no pueden asumir y si las asumen, no pueden responder por ellas. Más que dinero o un respaldo financiero lo que ellos necesitan es educación y una buena dirección financiera. Una persona que no sabe ahorrar no puede manejar responsablemente sus finanzas. Una persona que malbarata lo poco que tiene tampoco puede actuar con responsabilidad. ¿Qué ganamos, pues, con respaldar con nuestros bienes las temerarias acciones de estos individuos?

Nosotros, como buenos mayordomos, debemos ser responsables con lo que el Señor nos ha concedido para nuestro sustento, especialmente si se nos ha dado más de lo que realmente necesitamos, lo cual es muy común. La codicia que siempre está presente en nuestra naturaleza pecaminosa nos hará pecar al no poder manejar nuestras finanzas de manera responsable. Como buenos mayordomos, debemos cuidar que el dinero que nos ha sido encomendado sea utilizado sabiamente. Salir de fiador por otro no es, precisamente, un acto de buena mayordomía. Necesitamos colaborar con los demás en este aspecto del manejo de las finanzas personales. Esta es un área donde se puede observar una gran carencia de conocimiento de parte del pueblo de Dios. Prestemos servicio enseñando con paciencia y benevolencia y pronto recibiremos la satisfacción de haber ayudado a otros a liberarse de la esclavitud financiera. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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