Fracaso anunciado


Los malvados se derrumban y dejan de existir,
pero los hijos de los justos permanecen.
Proverbios 12:7

La existencia del mal en  medio de la creación de Dios hace que algunos piensen que Dios es el autor del mal, lo cual se constituiría en una paradoja puesto que Dios es bueno por definición y del bien no puede surgir el mal. De esta presunta paradoja se encargó Agustín de Hipona, mejor conocido como San Agustín, a comienzos de siglo V. Agustín dijo que el mal no es más que la ausencia del bien así como la oscuridad no es otra cosa que la ausencia de luz. Su análisis y conclusiones siguen estando vigente y sigue siendo fuente de inspiración para teólogos y filósofos por igual dieciséis siglos más tarde. Si todos sabemos y, permítanme la redundancia, que el mal es malo, ¿por qué permitimos que el mal controle prácticamente todo aspecto de la humanidad? La respuesta está en que todos somos malos por naturaleza. Lo único que puede ayudarnos a escapar de la mala influencia del mal es el poder transformador del Espíritu Santo presente en nuestras vidas cuando invitamos al Señor Jesucristo a morar en nuestro corazón.

No nos engañemos. El hombre no es inherentemente bueno. Todo lo contrario, el hombre es inherentemente malo y de ahí que la humanidad esté plagada de malas acciones y pecado. Por esto, ninguna solución que proponga el hombre aparte de Dios podrá tener éxito si lo que se pretende es eliminar el mal. La política, ese invento de los griegos (se asume que quien utilizó este término por primera vez fue Aristóteles), intenta de manera errónea transformar la sociedad para mejorar al hombre. El cristianismo enfoca el problema correctamente de una manera diametralmente opuesta al reconocer que la sociedad sólo puede mejorar cuando el hombre es transformado para adecuarse a los preceptos de Dios. ¿Puedes identificar la lucha de poderes, el bien y el mal, en tu vida? Si quieres que el bien se imponga déjate guiar por el Espíritu Santo y no por lo que te señalen tus instintos. Así estarás aportando tu granito de arena para mejorar, aunque sea parcialmente, este mundo en que vivimos. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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