Majestad


En tu santuario, oh Dios, eres imponente;
¡el Dios de Israel da poder y fuerza a su pueblo!
¡Bendito sea Dios!
Salmos 68:35

La creación constantemente nos habla de la grandeza de Dios. A mí, personalmente, me gusta ver aquellos programas de televisión que muestran las maravillas de la naturaleza. A pesar de que muchos de los comentarios que se hacen en esos programas van destinados a defender la teoría de la evolución, yo puedo gozarme en ver cómo las imágenes muestran que la mano creadora de Dios ha formado todo lo que nos rodea tanto en la tierra como en el resto del universo. No hay que viajar muy lejos para gozarse en la grandeza de Dios descrita por la obra de sus manos. Tan sólo observa un atardecer o una aurora y verás cuan variadas son las tonalidades que Dios prepara en su paleta de artista. No obstante este constante mensaje que nos da la creación en todo lugar nuestras mentes se encuentran entretenidas en otras cosas que no son importantes. El mundo con sus tentaciones, Satanás con sus mentiras y la carne con sus pasiones están en todo momento bombardeándonos con sus atractivas pero nefastas propuestas. La gran cantidad de información que recibimos de nuestro entorno satura nuestras mentes tratando de ahogar el mensaje de la creación. No debe, pues, extrañarnos la gran cantidad de casos de Síndrome de déficit de la atención que se diagnostica día tras día.

Por eso es necesario que con cierta frecuencia nos detengamos a considerar la grandeza y la majestad de Dios. La grandeza de Dios puede deducirse a partir de un análisis de las grandes obras de su creación pero también la gloria de Dios puede observarse en los pequeños detalles que forman parte de nuestra cotidianidad. Tan sólo piensa cómo el aire que respiras te aporta el combustible necesario para llevar a cabo todo lo que haces. Piensa, asimismo, cómo tu corazón trabaja ininterrumpidamente para bombear la vital sangre que lleva ese combustible a cada célula de tu cuerpo. En la vida misma podemos observar y apreciar la majestad de Dios. Recuerda que nuestra vida es pasajera y que en cualquier momento podemos dejar de estar aquí para ir al más allá. ¿Has considerado cómo se manifiesta la grandeza, la majestad y la gloria de Dios en tu vida y en los pequeños pero importantes detalles que la conforman? Cuando lo hagas, de tus labios brotará una palabra que refleje la necesidad de adoración que surge en tu corazón. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

Esta entrada fue publicada en La Palabra de Hoy, Salmos y etiquetada , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s