Grande es el Señor, y digno de suprema alabanza
en la ciudad de nuestro Dios.
Su monte santo, bella colina,
es la alegría de toda la tierra.
El monte Sión, en la parte norte,
es la ciudad del gran Rey.
En las fortificaciones de Sión
Dios se ha dado a conocer como refugio seguro.
Salmos 48:1-3
Jerusalén, la ciudad fundada en la paz, ha tenido una historia menos que pacífica. Reinos e imperios se han disputado su control. Por ella se han luchado grandes guerras y sangrientas batallas. Todos quieren tenerla en propiedad sin darse cuenta de que ella sólo pertenece a Dios. Jerusalén es donde Dios decidió realizar la obra maravillosa de la redención de su pueblo y de todos aquellos que lo busquen con un corazón sincero. Todos sienten una atracción especial por este lugar. Judíos, cristianos y musulmanes y los grupos religiosos y denominaciones de éstos la tienen por lugar sagrado. Y con mucha razón porque ciertamente lugar sagrado es.
Nosotros que vivimos de la esperanza, esperamos la nueva Jerusalén, la que ha de descender del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido. Allí Dios estará con nosotros y nosotros con él. Allí Dios nos enjugará toda lágrima de nuestros ojos. Allí no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque Dios hará nuevas todas las cosas. Allí no hará falta ni el sol ni la luna porque la gloria de Dios nos iluminará y el Cordero será nuestra lumbrera. Allí estará el río de agua de vida y el árbol de vida para salud de las naciones. Allí veremos a nuestro amado Salvador cara a cara y lo adoraremos. Esa es la Jerusalén que nosotros esperamos, la ciudad de la paz y el amor de Dios.
![NewJerusalem[1] NewJerusalem[1]](http://palabradevida.files.wordpress.com/2009/11/newjerusalem1.jpg?w=500&h=666)












