Esperanza de justicia


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Nosotros, en cambio, por obra del Espíritu y mediante la fe, aguardamos con ansias la justicia que es nuestra esperanza.

Gálatas 5:5

Si hay algo que notamos claramente que existe y se manifiesta en todas partes y se refleja en la gran mayoría de las personas, independientemente de su entorno y fundamento social y cultural, es la injusticia. Sin darnos cuenta y principalmente debido a nuestro propio egoísmo causamos injusticias a otros y al mismo tiempo nos indignamos cuando otros nos causan injusticias de forma similar. Hervimos de indignación y le reclamamos a Dios cómo es posible que él permita que estas cosas sucedan. Los que se han declarado enemigos de Dios aprovechan la circunstancia para blasfemar y maldecir el nombre de Dios, acusándolo a el de ser el autor de la injusticia. Acusan y desprecian a Dios  con preguntas necias tales como “Si Dios es amor y es justicia ¿por qué permite que en el mundo se observen tantas calamidades?

Debemos asumir nuestra responsabilidad. Si amamos la justicia como muchos dicen, debemos cuidar de que nuestras acciones y palabras no sean injustas ni causen daño a otros. Pero ¿cómo podemos lograr ésto?

El apóstol Pablo nos indica claramente la manera de llevar ésto a cabo cuando explica que ésto se logra por obra del Espíritu Santo de Dios y mediante la fe. Si no permites que el Espíritu Santo controle tu vida no serás capaz de andar por caminos de justicia. Tampoco podrás agradar a Dios ni cuidarte de ser injusto hacia tu prójimo. Si en verdad amas la justicia busca la dirección del Espíritu Santo quien te llevará a toda verdad. Sólo Dios puede hacerlo. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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Orgullo destructor


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Al orgullo le sigue la destrucción;
    a la altanería, el fracaso.

Proverbios 16:18

 

Una de las falacias más populares y difundidas a nivel mundial, que transciende toda cultura y sistema religioso, es que el hombre es básicamente bueno. Nos gusta pensar que somos seres perfectos que tenemos algunas imperfecciones o defectos pero que en lo general somos dignas y buenas personas. Cuando se nos habla del pecado inmediatamente lo asociamos con algunas conductas criminales y reprobables tales como el homicidio o el robo. Una de nuestras respeuestas preferidas cuando somos confrontados con el hecho del pecado en nuestra vida es: “Yo no he matado a nadie” y eso nos hace acallar nuestra consciencia y dar un cierre definitivo al argumento que busca hacernos dar cuenta de que la verdad es que todos somos seres malos y pecadores.

Sin darnos cuenta, el orgullo— pensamiento destructor y uno de las peores actitudes del ser humano— nos engaña sutilmente y nos da un falso sentido de complacencia y seguridad.

Lo cierto es que el orgullo sólo conduce a la fatal destrucción de nuestras vidas y al apartamiento de nuestro andar del camino correcto que nos guía a Dios y a la suprema felicidad. Todo el mundo quiere ser feliz y vivir en perfecta paz pero ésto es algo que nadie consigue alcanzar, así traten de engañar a otros y a si mismos de que lo han logrado mediante una ética atrtificial plagada de posturas piadosas y una falsa espiritualidad.

Tenemos que reconocer, con genuina humildad, que el pecado controla varios aspectos de nuestra vida y que nunca podremos vencer su negativa influencia sobre nosotros y quienes nos rodean mediante nuestro propio esfuerzo,  a menos de que entreguemos nuestra vida a Dios y le permitamos a él que maneje nuestros asuntos y nos ayude a tomar decisiones correctas y buenas.

Pon toda tu confianza en el Señor y entrégale tu vida a él para protección y guía de tu camino y para salvación de la muerte eterna. Sólo él puede protegerte. Sólo a Dios sea la gloria.

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Reposo


Sun ray in the woodsQueda, por tanto, un reposo sagrado para el pueblo de Dios.

Hebreos 4:9

Vivimos vidas agitadas con agendas llenas de compromisos y planes con múltiples actividades que muchas veces agotan nuestras fuerzas y cuando se acumulan nos causan estrés. Somos esclavos del activismo y aunque quisiéramos renunciar a todo para liberarnos de la agenda implacable siempre tendremos sobre nuestros hombros responsabilidades que cumplir que nos impiden disfrutar de ese regalo de Dios llamado el reposo. Estoy plenamente convencido de que el tan ansiado “dolce far niente” no es más que una utopía mientras estemos en este mundo. Muchas veces no descansamos simplemente porque pensamos que si no actuamos el mundo se derrumbará. Esto es el activismo en su máxima expresión. Dios descansó el séptimo día después de haber culminado la creación del universo. Nosotros debemos actuar de la misma manera descansando un día a la semana porque así lo dispuso Dios.

En el futuro, cuando Dios lo decida, cada uno de nosotros que hemos puesto nuestra fe y nuestra esperanza en él entraremos en el verdadero reposo, el reposo sagrado de Dios. Allí nuestro único punto de la agenda será alabar a Dios por los siglos de los siglos. Allí reposaremos de todo injusticia, dolor, enfermedad, malestar, traición, vejación, burla, agresión, pobreza, y peligros. En los amorosos brazos de nuestro Padre celestial hallaremos el sagrado reposo que él ha preparado para nosotros desde antes de la creación del universo. Mientras tanto, descansemos en sus gloriosas promesas. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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