Justiciero


El rey sabio avienta como trigo a los malvados,
y los desmenuza con rueda de molino.
Proverbios 20:26

Si algo se espera de un gobernante es justicia. Sin justicia no puede haber ni paz ni seguridad. Cuando el destino de toda actividad que se emprende está sujeto a la influencia de poderes y a la aberración del cohecho las probabilidades éxito se ven seriamente disminuidas. Si no fuese por la necesidad de que exista la justicia en todos los asuntos que tienen que ver con la convivencia en sociedad los gobiernos (y los gobernantes) estarían de más. Pero el poder es algo que corrompe y el poder absoluto es algo que absolutamente corrompe como nos lo aclaró Lord Acton. Cuando analizamos el mundo en que vivimos podemos darnos cuenta de que nada funciona como debería. Los buenos gobiernos y los buenos gobernantes brillan por su ausencia y cuando un gobierno es aclamado, es muy probable que lo sea porque detrás de esa alabanza existe una maquinaría de relaciones públicas  bien aceitada y con grandes cantidades de dinero para repartir. La sociedad no puede ser más que un reflejo de lo que existe en el corazón de quienes la conforman.

El apóstol Pablo nos exhortó a someternos a las autoridades públicas y muchos han tomado esta exhortación como algo que debe cumplirse a rajatabla, independientemente de la conducta y naturaleza de quienes ha sido colocados en posición de liderazgo. No obstante, debemos tomar en cuenta el contexto, donde se nos habla de autoridades que están al servicio de Dios para nuestro bien, para impartir terror a los que hacen lo malo, para impartir justicia, para castigar al malhechor, y al servicio de Dios para gobernar. Cuando aplicamos este tamiz de criterios a quienes se encuentran administrando el estado podemos darnos cuenta de la baja calidad personal de quienes nos gobiernan. Esto no debe sorprendernos puesto que ellos no pueden mostrar otra cosa que su naturaleza pecaminosa potenciada por las oportunidades que da el poder para hacer cosas que a otros no les están permitidas. Seamos la voz de los pobres y desposeídos para denunciar las violaciones de la justicia y pidamos a Dios por gobernantes sabios que actúen bajo el temor de Dios. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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