La palabra de hoy 6 de julio de 2011


Tengo los pies en terreno firme,
y en la gran asamblea bendeciré al Señor.
Salmos 26:12

Puedo afirmar sin temor a equivocarme que no existe nadie que no se haya visto en dificultades alguna vez en su vida tratando de mantener el equilibrio cuando ha tenido que atravesar un terreno resbaladizo. Un sendero arcilloso después de haber caído un chubasco, un piso recién pulido con cera, un  pavimento donde se ha derramado algún lubricante, una helada acera (banqueta, vereda, andén, dependiendo de dónde usted viva) son algunas superficies que alguna vez hemos tenido que transitar y es posible que en alguna de ellas hayamos resbalado y hayamos sufrido una dolorosa caída. Otros terrenos mayormente formados por lodo, arena o nieve se convierten en superficies donde es difícil mantener el equilibrio o avanzar con seguridad porque nuestros pies se hunden sin conseguir tocar el fondo. Todas estas situaciones representan un grave riesgo de caída y de hacernos daño.

En nuestro diario andar tenemos que atravesar situaciones similares a las arriba descritas en las cuales se nos hace difícil mantener la rectitud o la integridad sin resbalar ni caer. Esto se observa mucho cuando nos apoyamos en opiniones y no en convicciones. Las opiniones son ideas muy variables que dependen mucho de las circunstancias y situaciones en que nos hallemos. Las convicciones por el contrario son conceptos firmes y perdurables que no se doblegan ante las circunstancias o dificultades. ¿Sabes cuál es la diferencia entre una opinión y una convicción? Una opinión es algo que tú sostienes mientra que una convicción es algo que te sostiene a ti. ¿Puedes ver ahora la gran diferencia?

¿Que tipo de sendero estás atravesando en estos momentos? ¿Te sientes seguro y firme de poder superar todos los obstáculos que se presenten en tu camino por enormes y difíciles que éstos parezcan? ¿Te apoyas en una firme convicción o crees que tus caprichosas opiniones te ayudarán a salir del atolladero? El Señor Jesús es la roca firme donde podemos sentir la seguridad de no resbalar ni caer. Apóyate siempre en él y tu andar será seguro y tu avance será constante y sólido. Tratar de afirmarnos en cualquier otra persona o cosa nunca podrá darnos la firmeza y el reposo que tanto ansiamos. Sólo en Jesús podemos levantarnos y mantenernos con seguridad e integridad. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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